¿Idus de julio?

Escena de Los idus de Marzo (obtenida de moviefone.com)

Los días convulsos que estamos viviendo en la política española (qué digo días, sería más acertado decir meses), me han traído a la memoria una práctica de clase.

Todos los cursos (en la asignatura Información Institucional, primer cuatrimestre), cuando toca hablar de comunicación política, suelo poner en clase la película Ides of March (Idus de Marzo). Es un clásico en las Facultades de Comunicación y tiene distintas lecturas. Para mí es una película interesante para ver cómo se refleja la relación de necesidad mutua entre gabinetes de comunicación y periodistas y cómo esta relación se deteriora o se rompe mucho antes, incluso, de que haya traiciones: la relación se rompe, en realidad, cuando ambas partes empiezan a considerarse amigos.

Esta es una opinión personal, totalmente rebatible, cuestionable, criticable y con todos los ables que queráis. A ver, cuando eres comunicador corporativo ser “amigo” de los compañeros de la prensa es fantástico. Pero yo prefiero llamar a esta relación “cordialidad y respeto“. La experiencia y el sentido común aconsejan que un redactor no pida nunca ningún favor personal a ningún comunicador corporativo y un comunicador corporativo no pida nunca ningún favor personal ningún compañero de la prensa. Esto ahorra muchos, muchos problemas.

Edades profesionales del ser humano

Después del visionado de la película suelo proponer a los estudiantes que reflexionen sobre los personajes principales:

  • La sencilla y humana becaria (22 años)
  • El impulsivo y joven jefe de prensa (30)
  • El soberbio y despectivo director de comunicación o, en este caso, de campaña (50 años)
  • El ambicioso senador que aspira a ser Presidente de los Estados Unidos (50-60 años)

Si os paráis a pensar, cada uno de estos personajes corresponde a cada una de las edades profesionales del ser humano, con todas sus luces y sombras. La inocencia de la juventud deja paso al ímpetu; el cansancio provoca falta de fe y en algunos casos, en huida hacia adelante, empuja a buscar éxitos profesionales demasiado ambiciosos.

Si por mí fuera, me quedaría siempre con la sencillez y la humanidad de la becaria y la fuerza y energía del joven jefe de prensa. Y creo que eso es a lo que debemos aspirar si queremos ser felices en cualquier trabajo.

Buscando foto para ilustrar el post he encontrado éste de la Asociación Demos de la Facultad (magnífico colectivo, por cierto), que el pasado curso puso la película (en marzo, rozando a los idus). Demos toma como punto de partida la traición de los ideales para alcanzar éxito profesional, y me parece una visión muy acertada.

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Notoriedad en redes sociales de un evento offline

Como gestores de la comunicación corporativa de una institución tenemos que asumir que la presencialidad es un hecho cada vez menos frecuente. Nuestros públicos están hoy más al otro lado de la pantalla que escuchándonos sentados en una silla.

Es algo evidente que la visibilidad de un evento offline en redes sociales no se limita a su mera emisión o transcripción. Es necesario mostrar la trastienda, establecer los antecedentes, ayudar a la comprensión de su contexto, hacer que tus públicos conecten con los ponentes o invitados, crear una red.

Si te das cuenta, para llevar a término todo esto, nuestra acción comunicativa debe abarcar el antes, el durante y el después del evento.

¿Cómo gestionar entonces las redes sociales? Vayamos al a-b-c de la planificación en la comunicacion empresarial: objetivos, estrategia y acciones.

Objetivos. ¿Qué queremos?

  • Dotar al evento de visibilidad (capacidad de ser percibido), notoriedad (visibilidad positiva) e influencia (que el contenido o los mensajes que surjan en el evento lleguen y tengan pregnancia en nuestros públicos).
  • Hacer que nuestro evento transmita nuestra cultura corporativa.
  • Almacenar la información que se genere en el evento y que ésta sea localizable y reutilizable en un futuro.
  • Localizar a públicos objetivo, tanto influyentes como personas interesadas en nuestro producto, nuestros servicios o en el sector al que representamos.
  • Conectar individuos. Crear una red útil.

Estrategia. ¿Cómo lo planearemos?

  • Utilizando las redes sociales antes, durante y después del evento. Lo haremos con buenos contenidos, de forma no intrusiva, regulando los tempos, ayudándonos de nuestros influyentes.

Acciones. ¿Qué haremos?

Previamente

  • Piensa en la cultura corporativa o en los intangibles que quieres transmitir y, después, diseña mensajes.
  • Planea tu storytelling. Para ello tendrás que bocetar un ecosistema transmedia en el que las historias se complementen entre sí pero sin duplicarse. En la fase previa, estas plataformas te servirán para establecer los antecedentes y contextualizar el evento:
    • Un canal de Twitter
    • Un blog
    • Una cuenta de Flickr
    • Un canal de Youtube
    • Un repositorio de textos tipo Google Drive, Box o Dropbox.
    • Una página en Facebook para albergar contenidos adicionales.
  • Asimismo, crea un evento también en Facebook a través del cual podrás invitar a tus primeros contactos.
  • Crea un #hastag fácil de recordar y, a ser posible, que incluya de algún modo u otro, las siglas de tu institución o tus señas de identidad.
  • Si varias instituciones están implicadas en el evento ponte de acuerdo con sus community para lanzar mensajes previos.

En el evento

  • Puede ser emitido en Youtube en directo.
  • Transmite mensajes por Twitter, sí; pero no te olvides de interactuar (responde preguntas, retuitea tuits interesantes, marca favoritos, da las gracias por alguna interacción).
  • No hace falta que un moderador intervenga en el evento para comentar qué se está generando en redes sociales. Tampoco hace falta que haya una pantalla que vaya mostrando los tuits que se están escribiendo con tu hastag. ¿Por qué? Porque las redes ya son parte del evento: ponentes y público ya las consultan, no seas redundante.

  Después

  • El después es especialmente interesante para asegurarnos de que se guardará toda la información y conocimiento generados.
  • Es el momento de subir a Youtube el vídeo del evento. Es aconsejable editar las imágenes y añadirles una mosca, rotulación o cualquier elemento identificativo.
  • Es  momento también de escribir un post de análisis sobre el acto o de subir el texto de la ponencia a un repositorio de textos o imágenes a un Flickr.
  • Recuerda que todos los eventos tienen un periodo en el que tus públicos siguen tuiteando o retuiteando contendio aun después de haber terminado ofialmente el acto. Es importante tener en cuenta esta circunstancia sobre todo a efectos de medición posterior.
  • Turno de las mediciones y los análisis cuantitativos y cualitativos. Disponemos de muchas herramientas, pero a mí me gusta especialmente Follow the hastag.

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(*) La imagen de cabecera es de Gabriel Santiago y la puedes encontrar aquí.

 

Viva la marca que te parió (una reflexión sin pretensiones sobre el personal branding)

A menudo el concepto marca personal despierta recelos. Puede ser lógico, pues marca y persona son conceptos, a priori, casi antagónicos. En la mayoría de las ocasiones, el término “marca” suena a artificio, ¿verdad?

En esencia, hay cuatro perspectivas distintas (relacionadas con la comunicación empresarial) desde las que definir y entender el fenómeno de la marca personal.

Funcional y aséptica

La primera perspectiva es totalmente funcional y aséptica. Desde ésta se ve a la marca personal como el resultado de aplicar técnicas de marketing a nuestra propia imagen para ser más visibles y diferenciarnos de otros individuos, generalmente, en el ámbito profesional. Dicho de otro modo: la marca personal es el resultado de ofrecernos como productos y estar siempre en el escaparate y disponibles en el mercado. Esta visión (que se queda en la epidermis del concepto) es la utilizada, en la mayoría de las ocasiones, por los neófitos o por quienes desprecian el fenómeno.

Laboral-reivindicativa

La segunda perspectiva desde la que ver a la marca personal es la laboral-reivindicativa. Gracias a ésta, se advierte a la marca personal como la actitud y la respuesta que tienen los trabajadores a la forma de actuar de buena parte de las empresas en la sociedad capitalista, que les consideran como fuerzas productivas que deben reemplazarse cuando dejan de ser rentables. Los empleados, simplemente, buscan un medio de supervivencia que les ayude a estar activos en el momento en que dejen de tener valor para las instituciones en las que trabajan. Este modelo de supervivencia se caracteriza no por aplicar soluciones a posteriori sino por ser eminentemente preventivo y por estar basado en la visibilidad. Es decir: “Yo me hago visible y estoy disponible en el mercado en previsión de lo que pueda pasar pasado mañana en la empresa”.

Colaborativa

La tercera perspectiva desde la que ver a la marca personal es la colaborativa con la empresa o con la institución. El empleado tiene su propia marca personal pero, al mismo tiempo, es portador (muchísimas veces orgulloso) de la marca de la empresa para la que trabaja. Las dos partes se aprovechan de esta sinergia. Empleado e institución se ayudan entre sí, transfiriéndose visibilidad y prestigio. Pongo dos ejemplos: primero, un conocido periodista que empieza a escribir una columna en un prestigioso periódico; o, segundo, un intelectual de reconocida trayectoria que empieza a impartir clases en una universidad de renombre.

Personal-reivindicativa

Por último, la cuarta perspectiva es la personal-reivindicativa. Dejémonos de marketing, olvidémonos de productos, ignoremos a la competitividad. ¡Seamos personas! La marca personal nos sirve para diferenciarnos como individuos, como seres humanos. Nos sirve para reivindicarnos a nosotros mismos entre una masa cada vez más grande, más uniforme, más robotizada. Una masa que, cada vez, está más a expensas de grandes grupos de poder (económicos, políticos, religiosos). Una masa más desinformada, precisamente, porque se le somete a un bombardeo constante de información. Y este bombardeo ya es tan cotidiano que la masa se siente bien inmersa en él.

Si te paras a reflexionar, sea cual sea la perspectiva desde la que hoy miremos a la marca personal, ésta tiene como escenario, altavoz o caja de resonancias a Internet. Sin embargo, el término nació cuando la Red aún no era popular.

Tom Peters

Todo empezó en 1997, cuando Tom Peters publicó un artículo titulado “The brand called You”. En el texto, nos aconsejaba independizarnos emocionalmente de las instituciones para las que trabajamos y crearnos nuestra propia marca. ¿Por qué? Para diferenciarnos mejor de otros trabajadores, que son nuestra competencia si hay que salir al mercado. ¿Cómo se lleva a la práctica? Haciendo visibles nuestras virtudes y, también, aquellas características muy personales de las que estamos orgullosos y que, a fin de cuentas, son nuestro valor diferencial.

La importancia del artículo de Peters residía en su mensaje optimista: nuestra individualidad está por encima de las empresas en las que somos empleados, podemos conseguir nuestros objetivos profesionales y podemos ser dueños de nuestro destino laboral. Todo es más fácil si aplicamos cierto método y cierto sentido común. Y, quizá, a lo mejor, podíamos encontrar ese método y ese sentido común en el mundo del marketing.

La importancia del artículo de Peters residía en su mensaje optimista: nuestra individualidad está por encima de las empresas en las que somos empleados

Años después de haber sido publicado, el artículo de Tom Peters no sólo sigue vigente, sino que ha aumentado su valor. La inestabilidad de las economías ha puesto de manifiesto la increíble volatilidad de los empleos. Incluso las empresas más poderosas no aseguran un puesto de trabajo a largo plazo. Los trabajadores asumen, de forma natural, que tarde o temprano tendrán que dar el salto de una empresa a otra o ponerse a trabajar como freelancer. En un caso u otro, para sobrevivir tienen que ser visibles, tienen que diferenciarse de su competencia. Tienen que cultivar su marca personal.

Generalmente, se utiliza de forma indistinta los términos marca personal y personal branding. Es un mero asunto terminológico y, por lo tanto, no es una matemática exacta, pero muchos pensamos que, aunque estos dos términos están íntimamente ligados, se refieren a ideas distintas.

Tal como la entendemos, la marca personal es una imagen intencional que parte de un sujeto y que persigue un fin: dejar una impronta, una huella en sus públicos-objetivo (stakeholders) para que éstos le reconozcan, le diferencien de los demás y le elijan.

El proceso que se utiliza para desarrollar estratégicamente la marca personal es el denominado personal branding. En la mayoría de las ocasiones es centrífugo, es decir, nace de uno mismo hacia el exterior. Y, en la mayoría de las ocasiones, tal como he dicho antes, hoy se sirve de Internet.

¿La marca personal es lo mismo que reputación? En absoluto. Como tampoco son sinónimos los conceptos de visibilidad, notoriedad e influencia.

La marca personal es una imagen que parte de ti, que se inicia en ti. Es una huella, una levedad muy sujeta a los vaivenes del tiempo. La reputación nace en los demás y es originada por la confluencia de varios factores.

Imagen del post: Escena de Harold Lloyd en El hombre mosca (1923)

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  2. ¿Cómo haría hoy branding #MigueldeCervantes?