Trabajar con personas

Algún que otro amigo me pregunta, de vez en cuando, que cómo es eso de trabajar como profesor. Y, casi siempre, contesto lo mismo: es trabajar con personas. Y añadiría, que por y para las personas.

Trabajar con personas es a veces complicado según la edad que tenga tu compañero de viaje.

  • Mis estudiantes de Grado tienen edades comprendidas entre 18 y 21 ó 22 años.
  • Los alumnos de postgrado tienen de 22 a 30, más o menos.
  • A menudo he impartido clase a estudiantes mucho mayores, a veces más mayores que yo.
  • Y, a veces, también, doy charlas en Institutos sobre el uso correcto de redes sociales a chicas y chicos que rondan los 14 años.

Cada edad tiene un tempo distinto y una complicación específica. Según sus años (es decir, su experiencia vivida), una persona reacciona de una forma distinta a un estímulo. Intuyo que los estudiantes pensarán lo mismo de los profesores, como yo hice en su día. Porque los profesores también somos personas, también tenemos nuestras rarezas, también tenemos nuestros días buenos y malos.

Emociones

Sin embargo, hay algo que se escapa a las edades cuando trabajas en docencia (y también en comunicación corporativa). No es la transmisión del conocimiento, como cree mucha gente (de forma errónea). Es la transmisión de emociones.

Hay veces que esta conexión ocurre; hay veces que no. ¿Por qué hay veces que no? Por que tú no puedes controlar todas las circunstancias en la vida de una persona para que conecte contigo, siempre, unas cuantas horas a la semana.

Pero muchas veces esta conexión ocurre. Y cuando sucede, el tiempo se para y se hace un extraño silencio, como si los presentes en el aula supiéramos que lo que estamos viviendo/sintiendo lo tendremos que volver a utilizar/vivir/sentir en el futuro de una forma positiva. Y, entonces, todo cobra sentido.

De los únicos profesores y jefes de los que me acuerdo (bien y con cariño) son aquellos que me hicieron sentir. Y los jefes y profesores que a mí me hicieron sentir tienen un común denominador: abrieron antes su corazón sin importarles que esta circunstancia les hiciera vulnerables momentáneamente.

Esta idea lleva consigo otra: la consciencia del tiempo y saber jugar con él a corto, medio y largo plazo.

Pero, como diría un novelista, esto es otra historia.

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