El más simple fuego de artificio

A veces creo que estamos empobreciendo la profesión de tanto hablar de nosotros mismos y del marketing para todo. Soy firme defensor del conocimiento abierto: quien quiera informarse y aprender sobre algo tiene la posibilidad de dirigirse a fuentes directas, y eso es realmente fantástico. Pero la saturación de opiniones, la repetición cansina de obviedades elevadas a la categoría de dogmas, o el autobombo insoportable que hacemos de nosotros mismos (hasta límites que hacen que nos cuestionemos nuestra madurez intelectual) nos vulgarizan y bajan nuestro listón escandalosamente.

Acudimos al mercado de las ideas opinando mucho y escuchando poco, creyendo que el valhalla se esconde tras un trending topic, un puñado más de followers, una invitación como ponente a un crongreso o un punto más en nuestro índice klout.

Hace siglos, los maestros en ciertas artes preferían no ser enteramente visibles. Porque quien estuviera realmente interesado en ser iniciado llegaría a ellos, sabría cuál serían los caminos o éstos se presentarían ante sus ojos. Todo de forma natural. No había por qué preocuparse.

Ahora, que me doy cuenta de qué lejos estamos de esos maestros, temo que nuestro saber no sea magia sino el más simple fuego de artificio.

2 comentarios en “El más simple fuego de artificio

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