Aquel reloj en el coche supersónico

Mi amigo Felipe se había comprado un fantástico monovolumen. Su diseño era magnífico; el interior, muy confortable. Cuando me senté en el asiento del copiloto escuché cómo la voz del ordenador de a bordo nos daba las instrucciones precisas para que el vehículo empezase a rodar. Dios, aquello parecía 2001, odisea en el espacio.

El coche arrancó. Suavemente. Apenas sin ruido. No rodaba: se deslizaba sobre el asfalto, sin tocarlo, casi como si volara. El ordenador de a bordo dio un par de instrucciones más. Velocidad crucero rumbo a nuestro destino.

Tengo el orgullo de tener amigos sinceros y sencillos. Por eso no me extrañó la conversación que tuve con que F.

-¿Qué, te gusta mi coche nuevo? -me preguntó.

-Claro -respondí-; está de fábula.

-Y el ordenador, qué me dices del ordenador.

-Pues como en las películas.

-Pues, Juampe, mucha voz y mucha puñeta, pero no me dice la hora. No tiene reloj. Es una castaña, macho.

Aquel supercoche gozaba de todos los elementos propios de un auto de ciencia ficción y le faltaba lo más básico: un sencillo reloj.

Cuento esta anécdota porque, en muchas ocasiones, las empresas se comportan como aquel coche: que si Facebook, que si Twitter, que si Delicious, que si Flickr… y carecen de lo más simple, de lo más sencillo: el factor humano, la cercanía, la sinceridad, la emotividad. Dar respuestas cuando los cientes hacen preguntas. Tener a un responsable de todas estas herramientas online. Pagarle y reconocer su trabajo como dios manda (lo digo porque muchas tienen un becario al que apenas pagan y lo llaman pomposamente community manager). Tener una telefonista agradable. Decir en la web la dirección postal de la empresa. Hacer constar un teléfono que no sea un 902.

En definitiva, hacernos a los clientes y usuarios al vida más agradable tengan o no su cuenta en Twitter.

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6 comentarios en “Aquel reloj en el coche supersónico

  1. Creo que más que un fallo de estrategia, lo que podemos ver es un fallo de diseño. Como en todo producto, es necesario conocer las necesidades a cubrir, y realizar pruebas con los usuarios.

    En el caso del coche puede que no se considerase un acceso simple al reloj. En la estrategia de comunicación quizás no comprobemos que uno de los requisitos es contactar con nuestros clientes del modo más simple para ellos.

    Como siempre tus estradas, un lujo.

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  2. Yo considero que es el afán de las empresas por estar a la última sin estarlo y de sus asesores que “malasesoran”. En cuanto sale una novedad quieren subirse al carro sin saber en qué se meten, copiando al de al lado y yendo un poco a “salto de mata”. Contratan a un becario aficionado al tema y efectivamente le dan un cargo que tiene más pomposidad que su nómina.

    Falta especialización y cuidado por las cosas porque en cuanto nos ponemos a hacer “novedades” sin saber es cuando se desvirtúa el poder de esa herramienta.

    Muy buen blog, enhorabuena y saludos.

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  3. Gracias por el comentario, AB. Has acertado cuando resumes todo en cuytro palabras” Falta especialización y cuidado”. Pásate por aquí cuando queras, ésta es tu casa.

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