“¿La bene… qué?” Formación de portavoces. La captatio benevolentiae y otras fases de la Introducción de un discurso

Captatio benevolentiae significa, en latín, captar o ganarse la benevolencia, en este caso de un auditorio. La captatio es, en esencia, transmitir en el momento justo (siempre en las primeros compases de la Introducción de un discurso), y de una forma u otra, que uno viene en son de paz y que para él / ella es importante o especial compartir ese rato con las personas presentes.

Muchas veces se cree, de forma errónea, que la captatio sólo es empezar un discurso con halagos al público o que el orador empiece mostrando humildad. Como diría David Bisbal, “Sí, pero no” (¿Veis? Ésta es una captatio benevolentiae). Puede consistir en una anécdota, un guiño cómplice, incluso un lenguaje no verbal cercano que sirva para mostrarse humano.

Descubrí el poder de la captatio gracias a Eduardo Pérez-Rasilla (uno de mis formadores para impartir la asignatura Técnicas de Expresión Oral y Escrita). Tiempo después he reflexionado sobre la importancia de una buena Introducción en los discursos gracias a Guillermo Ballenato.

Precisamente, Guillermo, en Hablar en público. Arte y técnica de la oratoria (Ed. Pirámide. Pág. 83), habla de las siguientes fases de la introducción de un discurso:

  • Salutación
  • Presentación del tema del que se va a hablar, el ponente y el objetivo de la charla
  • Remarcar la importancia del tema o del acto en sí
  • Orientación de la audiencia hacia el tema central y ligero avance de la idea principal del discurso
  • Dar fe de la credibilidad del orador
  • Explicar el método y/o procedimiento de la charla que está a punto de empezar
Anuncios

Formación de portavoces. El uso de palabras clave

En la mayoría de los buenos discursos, encontramos palabras o expresiones que anclan la atención del público. Son pronunciadas en un momento clave de la intervención y, a veces, fijan el estímulo al ser repetidas una o dos veces.

En la película Invictus, el personaje de Nelson Mandela (interpretado por Morgan Freeman) pronuncia un discurso en el que utiliza palabras como compasión, templanza y generosidad. Y lo hace en el momento justo, cuando se ha asegurado que serán bien recibidas por la audiencia.

El personaje de Mandela sigue el esquema tradicional de

  1. Introducción
  2. Exposición
  3. Argumentación
  4. Conclusión

Y en algo más de tres minutos hace cambiar de opinión a un auditorio.

En su ya mítica intervención en Stanford, las expresiones-clave de Steve Jobs son: Connecting the dots (Uniendo los puntos) o Stay hungry, stay foolish (Mantente hambriento, mantente alocado). A veces, marca puntos de inflexión en el discurso (incluso con modulaciones distintas de voz) utilizando expresiones como Por supuesto Me encantaba.

En El club de los poetas muertos, el bueno del profesor Keating (interpretado por Robin Williams) creó dos leitmotivs imborrables para sus estudiantes. Para ello tomó prestadas dos expresiones: una de Horacio (la latina Carpe diem, Vive el momento) y otra de Walt Whitman (¡Oh, capitán, mi capitán).

Quiero omitir de este post los mítines políticos. Quizá porque, en ellos, esas palabras clave (recuerdo ahora el Yes we can, por ejemplo), se convierten en meros eslóganes y, tan evidentes y repetidas, pierden todo su valor y quedan en el recuerdo como simples coletillas.

¿Idus de julio?

Escena de Los idus de Marzo (obtenida de moviefone.com)

Los días convulsos que estamos viviendo en la política española (qué digo días, sería más acertado decir meses), me han traído a la memoria una práctica de clase.

Todos los cursos (en la asignatura Información Institucional, primer cuatrimestre), cuando toca hablar de comunicación política, suelo poner en clase la película Ides of March (Idus de Marzo). Es un clásico en las Facultades de Comunicación y tiene distintas lecturas. Para mí es una película interesante para ver cómo se refleja la relación de necesidad mutua entre gabinetes de comunicación y periodistas y cómo esta relación se deteriora o se rompe mucho antes, incluso, de que haya traiciones: la relación se rompe, en realidad, cuando ambas partes empiezan a considerarse amigos.

Esta es una opinión personal, totalmente rebatible, cuestionable, criticable y con todos los ables que queráis. A ver, cuando eres comunicador corporativo ser “amigo” de los compañeros de la prensa es fantástico. Pero yo prefiero llamar a esta relación “cordialidad y respeto“. La experiencia y el sentido común aconsejan que un redactor no pida nunca ningún favor personal a ningún comunicador corporativo y un comunicador corporativo no pida nunca ningún favor personal ningún compañero de la prensa. Esto ahorra muchos, muchos problemas.

Edades profesionales del ser humano

Después del visionado de la película suelo proponer a los estudiantes que reflexionen sobre los personajes principales:

  • La sencilla y humana becaria (22 años)
  • El impulsivo y joven jefe de prensa (30)
  • El soberbio y despectivo director de comunicación o, en este caso, de campaña (50 años)
  • El ambicioso senador que aspira a ser Presidente de los Estados Unidos (50-60 años)

Si os paráis a pensar, cada uno de estos personajes corresponde a cada una de las edades profesionales del ser humano, con todas sus luces y sombras. La inocencia de la juventud deja paso al ímpetu; el cansancio provoca falta de fe y en algunos casos, en huida hacia adelante, empuja a buscar éxitos profesionales demasiado ambiciosos.

Si por mí fuera, me quedaría siempre con la sencillez y la humanidad de la becaria y la fuerza y energía del joven jefe de prensa. Y creo que eso es a lo que debemos aspirar si queremos ser felices en cualquier trabajo.

Buscando foto para ilustrar el post he encontrado éste de la Asociación Demos de la Facultad (magnífico colectivo, por cierto), que el pasado curso puso la película (en marzo, rozando a los idus). Demos toma como punto de partida la traición de los ideales para alcanzar éxito profesional, y me parece una visión muy acertada.