Tolerar y aprender del fracaso. Tolerar y aprender de la vida
He leído con mucho interés un post que Apuntesgestion.com publica sobre el fracaso. Y he recordado episodios pasados, muchos felices y algunos, también, algo menos.
En esta profesión uno más uno nunca suman dos (todo es relativo). Si alguien busca reconocimiento dedicándose a la Comunicación, mejor que se recicle y que piense en otro oficio. Los jefes nunca darán la enhorabuena por hacer bien el trabajo, pues esto está incluido en el sueldo. De los clientes ya ni cuento: salvo honrosas excepciones, nunca se mostrarán satisfechos, todo lo contrario: sólo así podrán pedir una revisión del contrato (y, por lo tanto, de los honorarios) a la baja o impedir que tú seas más rápido y les pidas una revisión al alza.
El resultado final es el que tú te quieras marcar y el que te dicte tu conciencia. Con el paso de los años me he dado cuenta de que son igual de peligrosas tanto las alabanzas como las críticas, pues muy pocas personas tienen la altura moral o profesional para erigirse en jueces de lo ajeno.
Apuntesgestion.com cuenta la irónica visión que tenía Churchill del fracaso y del ejemplo del empresario Manuel Jové Capellán (obtenida del blog de Pilar Jericó). Yo me acuerdo de una inscripción que María Estuardo llevaba en su anillo, y que recordaba Borges: “En mi fin está mi principio”. También tengo presente una deliciosa frase de García Márquez en el Amor en los tiempos del cólera: “Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga otras veces y muchas veces a parirse a sí mismos”. Y también me acuerdo de un adagio (siento no poder recordar dónde lo leí) que decía que en nuestros diez últimos minutos de vida no nos acordaremos de subidas de sueldo, ni de horas extra, ni de clientes ni de jefes, por muy buenos o malos que hayan sido. En nuestra cabeza y corazón estarán otras cosas, las que importan.
Nos estamos idiotizando, exprimiéndonos cada vez un poco más, intentando ser los mejores consultores o los mejores publicistas o los mejores periodistas sin darnos cuenta de que antes, mucho antes, está intentar ser personas y no personajes, auténticos y no réplicas, coherentes y no falsos. Queremos ser buenos en la profesión (la que sea) pero nos olvidamos de ser empáticos, ponernos en el lugar del otro, calzar sus botas y comprenderle. No tengo ni idea de qué es el éxito o qué es el fracaso, porque muchas veces la semilla del segundo está en el primero y viceversa. Sólo sé que en esta partida de póker que es la vida me ha tocado jugar con ciertas cartas. He sido periodista; luego, consultor; ahora, profesor. No sé qué pasará mañana, pero tengo muy claro quién soy, qué es lo que me importa. Adoro este juego, esta Inmensa Broma, y nunca juego de farol.
Mañana seguiré hablando de Comunicación Corporativa.


Hoy también has hablado de comunicación, no lo dudes.
Felicidades por tu blog, es muy útil
saludos
Brillante. Lo mejor que he leído en mucho tiempo, y en un momento en que necesitaba leer algo así sobre la tolerancia. Te felicito, y gracias.
Muchas gracias, Núria.
Muchas gracias, Ignacio, a ti también por estar ahí. Tu participación en el blog también es muy importante.
El problema es que muchas veces queremos ser profesionales y nos olvidamos de ser lo más importante: personas.
Un placer reencontrarte.
Qué bueno tenerte por aquí. Un abrazo, Ruymán.
Al leerte he sentido como un bálsamo para el corazón…muchas gracias por tus palabras. Soy una comunicadora social colombiana, que eligió esta bonita, aunque a veces ingrata profesión por gusto e idealismo (del bueno, no de ese que sólo busca protagonismo), ahora vivo en Madrid y ando en la difícil tarea de abrirme camino profesional en estas tierras….y a veces, cuando las cosas se ponen cuestaarriba es necesario recordar que la vida tiene altas y bajas y que sí, como bien lo dices, lo importante es lo que seamos…las circunstancias siempre serán cambiantes. Un saludo.
Muchas gracias a ti por compartir tus sentimientos. Te mando buenas vibraciones. Sé que todo irá bien.
Gracias. Porque ya son varias las veces que encuentro en tus palabras la calma que mis angustias profesionales, causadas por las presiones, dudas, miedos y ese largo etc, necesitan. Porque es cierto, lo importante no es qué lleguemos a ser, o cuánto éxito tengamos en ese “qué”, lo verdaderamente importante es quién llegues a ser, entendido en su sentido más personal. Y nunca está de más que alguien te lo recuerde…
Gracias a ti, Elena, por la luz de tus palabras. Este blog es tu casa.
Hola Juan,
Si preguntas a 10 personas diferentes que es el éxito estoy seguro que ninguna te dará una definición igual…nadie sabe lo que es el éxito!!
Sin embargo si preguntas que es fracaso todo el mundo lo definirá en mayor o menor medida como la incapacidad de lograr algo…
Por lo tanto, y como soy de aquellos que gustan de controlar lo que entienden, si logras aprender de cada bofetada…pronto dejarás de poner la otra mejilla…
Saludos,
Gracias por el comentario, Jesús. Y enhorabuena por tu fantástica web.