El valor de la experiencia directa

 María González Veracruz
“La política no se hace en tertulias televisivas, se hace en el Parlamento”, explica María.

No procede que hable aquí de mis opciones políticas. Ser profesor de una universidad pública y dirigirse a una audiencia más o menos amplia y heterogénea aconseja mesura y prudencia en las declaraciones. Esta es una de las pruebas del máximo respeto que siento por otras opciones políticas distintas a la mía.

Pero, de vez en cuando, conviene destacar ciertos episodios que profesores y estudiantes vivimos en las aulas como espacio de diálogo y que merecen ser comentados y debatidos. La vivencia de la que quiero hablar hoy tiene que ver con la reputación, la imagen pública y la comunicación política.

Ayer nos visitó María González Veracruz que es, como sabéis, Secretaria de Ciencia, Participación y Política en Red del PSOE y diputada nacional por Murcia. María vino gracias a las gestiones y el buen hacer de mi compañera Laura Pérez del Toro.

En realidad, empezó hablando de Comunicación pero, muy pronto, la conversación marchó por otros derroteros: María dejó que la interrumpiéramos y la preguntáramos todo lo que creyéramos oportuno.

Antes de continuar (y por muy extraño que parezca), me gustaría recordar algunas definiciones o características de la reputación.

Villafañe explica, más o menos, que la reputación es la suma de la imagen pública, de los logros obtenidos en la gestión y de la RSC o base ética. Mientras que la imagen pública es algo voluble, resultado de subidas y bajadas aleatorias, la reputación es más estable en el tiempo.

Adolfo Corujo nos decía en nuestra Jornada de Comunicación Política 2.0 que, en la reputación, es importante la generación de experiencias directas. Es algo lógico: nuestra percepción está basada en la experiencia. Por lo tanto, si quieres que alguien cambie de percepción, tienes que hacer que cambie su experiencia. También nos decía que la reputación parte de los demás. “Yo no me puedo reputar a mí mismo, son los demás quienes me reputan”, explicaba.

¿Qué es lo que hizo María? Hizo varias cosas, creo que bastante importantes.

1.- Creó experiencias directas. Experiencias directas con un público muy específico y muy difícil. E intuyo que no lo hizo por ganar votos, en absoluto, pues (por diversas circunstancias ajenas a nuestra voluntad) se encontró ante un grupo reducidísimo de alumnos. Eso sí, respondió ante ellos con la misma profesionalidad que si estuviera ante un auditorio de cientos de personas.

2.- Escuchó. Antes de la charla, María nos comentó a Laura y a mí que estaba muy interesada en saber la opinión que, sobre comunicación política, tenían los estudiantes de nuestra Facultad. Prueba de que no mentía es que estuvo con nosotros mucho más tiempo del previsto, por lo que no pudo asistir a otro acto en el que quería estar. En el diálogo con los chicos no se obsesionó con llevar la razón.

3.- Asumió todos los errores que su partido cometió en el pasado. Aunque dejó claro que comienza una nueva etapa con nueva gente y nueva gestión.

4.- No dio el acto por terminado, sino que lo proyectó hacia el futuro y, en concreto, hacia el diálogo en las redes sociales. María pidió ideas, preguntas, exposición de dudas en el ámbito online para que puedan ser vistas y debatidas por todos.

Os aseguro que no debo ningún favor a María ni soy su publicista. Soy, simplemente, un profesor que agradece que alguien que esté en primera fila política venga a dialogar (hablar y escuchar) con un grupo reducido de chicos de veintipocos años que están en paro y advierten un futuro incierto.

Y como su comunicación me ha gustado aquí la cuento. Simplemente. Emociones fuertes, como decía Sabina, buscadlas en otra canción.

Por cierto, por la Carlos III pasaron y pasan otros políticos, de otras formaciones, que también crearon experiencias directas. Y a quienes estoy, también, muy agradecido.

Luis Miguel Díaz-Meco hablará de comunicación interna en la #uc3m

Luis Miguel Díaz-MecoEl próximo 14 de noviembre, a las 12:30 horas, el consultor y docente Luis Miguel Díaz-Meco visitará la Universidad Carlos III de Madrid (aula 17.1.03 del Campus de Getafe) para hablar de Comunicación Interna.

La visita de Luis Miguel será una actividad de puertas abiertas, por lo que estás invitado. No se transmitirá por streaming, pero puedes seguirla por Twitter a través del hastag #LMDiazenlaUC3M.

Si quieres lanzar cualquier pregunta para que el día 14 la responda Luis Miguel puedes hacerlo a través de un comentario en este post o por Twitter con el mencionado hastag.

Sigue a Luis Miguel Díaz-Meco en su blog, en Twitter o en Linkedin.

Cada vez es más necesario citar las fuentes. Y nosotros, con estos pelos

Screenshot_2014-10-24-10-24-33-1El otro día lo comentaba con mi compañero de la UC3M Chema Prieto Ampudia: aunque lo he hecho, nunca me ha gustado la forma automática de retuitear en la que se utiliza “Vía @xxx”. Porque, si somos puristas, la vía es un camino a través del cual transitas (y encuentras algo, una información, un dato), pero esta fórmula no reconoce explícitamente la autoría.

Así, tú puedes encontrar un post y puede que lo retuitees, pero citando al autor sólo como si fuera el camino en el que has dado con el texto, sin reconocerle de forma directa el esfuerzo y la responsabilidad de haberlo escrito.

El asunto puede parecer baladí. Sin embargo, todos somos juez y parte en el error de compartir informaciones de forma apresurada, sin tener tiempo de ponernos a buscar exactamente de dónde han salido.

No podemos pedir a nuestro smartphone que distinga si una fuente es “vía” o autor de un texto. Tenemos que ser nosotros quienes lo hagamos.

La inmensa mayoría de los comunicadores corporativos llegamos a la profesión tras haber pasado por el Periodismo. Y en el ADN del periodista no sólo está el dominio del arte narrativo, también está o debe estar la investigación y la documentación, que incluye, lógicamente, el manejo de fuentes y su correcta cita.

Independientemente de razones éticas (que siempre deben ser nuestro sustrato), produce desasosiego citar o ser citados sólo como meras vías de información, pues diluye nuestra personalidad y nuestra individualidad en la maraña de la sociedad red. Que indudablemente tiene sus cosas buenas, pero también, a veces, muestra su lado gris y deshumanizado.

Por todo lo que he dicho antes, me gusta que en Periodismociudadano.com, por ejemplo, ya se hablase en su día de cómo citar Twitter en los medios y la Fundeu nos diera recomendaciones para citar académicamente un tuit. Sí, son post que tienen un par de años de vida, pero hay que leerlos de vez en cuando para que no se nos olvide.

¿Es posible despertar a una Bella Durmiente?

Si eres director/a de comunicación, community manager o, simplemente, un apasionado de la comunicación corporativa te habrás dado cuenta de que muchos perfiles de instituciones en redes sociales cuentan con muchos seguidores pero registran muy pocas interacciones/conversaciones. Observarás la llamada tasa de vinculación, propugnada por Socialbakers, o la tasa de interacción, de la que habla Territorio Creativo.

Y si, por ejemplo, tú también has gestionado una app, te habrás dado cuenta de que, quizá, ésta registra un nivel considerable de adquisición (número de veces que se ha bajado) pero que sus niveles de tempo in app (el tiempo que el usuario está dentro de ella) son mínimos. O, también, que puede ser popular pero presenta un espaciadísimo intervalo de sesiones (es decir, los usuarios no la visitan de forma frecuente).

En definitiva, te habrás dado cuenta de que los seguidores de instituciones en redes sociales son en muchos casos bellas durmientes (utilizando el símil de Javier Celaya). Están ahí, en la órbita digital de la entidad; pero son satélites sin luz, satélites mudos. No dicen nada.

¿Qué estará pasando? ¿La gestión no será la correcta? ¿Cómo es posible? Has probado de todo: llamadas a la acción genialoides, un buen storytelling, concursos. También has establecido diálogos cercanos y directos teniendo en cuenta que lo que realmente importan son las personas.

Y nada de nada.

Un momento. Antes de que abandonemos todo y nos hagamos cartujos o monjes tibetanos, creo que debemos pararnos y pensar diez minutos. Quizá esté pasando algo mucho más sencillo de lo que crees.

1.- El ciudadano desconfía de las instituciones. Coincido con Gloria G. Durán en que vivimos en una época en la que se ha perdido la confianza en las instituciones. De cualquier institución: partidos políticos, universidades, gobiernos, autoridades religiosas. Incluso en las ONG. La desconfianza en las instituciones, como entes, empuja a la ciudadanía a otorgar más credibilidad a las personas, como individuos y elementos de sociedad-red. He ahí una de las claves del marketing de influyentes.

2.- El nivel de exposición y dispersión digital interactiva es cada vez mayor. En otras palabras: tu seguidor en Facebook o Twitter tiene cada vez menos tiempo para visitar más plataformas. ¿Comentar? Eso, a veces, puede ser un lujo.

3.- La mera lectura de un post ya es un objetivo cumplido. En Genbeta se preguntan si la disminución del alcance orgánico de Facebook es una estrategia para empujarte a contratar publicidad 

4.- Muchas veces, la comunicación no es la causa: es el efecto. Y me explico: imagina que tienes una wiki para cultivar la comunicación interna. Por muy buena que sea la plataforma, los empleados no la utilizarán ni compartirán conocimiento si el clima laboral no es el idóneo o se llevan mal entre ellos. Si fuéramos Pablo Iglesias diríamos: “Señora Aguirre, repita conmigo: A veces, la comunicación no es la causa, es el efecto”.

5.- La comunicación tiene que estar al servicio de la institución. No pude acercarme al World Public Relations Forum, pero sí he seguido gran parte del contenido que se ha expuesto allí. En un afortunado tuit, Elena Conzález Gallego recoge una idea de Adolfo Corujo: lo que está cambiando son las instituciones, no la comunicación.

6.- Visibilidad, notoriedad e influencia son conceptos distintos. Y para ganar notoriedad y conseguir influencia hay que combinar (según muchos expertos) acciones online y offline.

Para saber más